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Niveles de estres

Hay determinados factores físicos que pueden estar indicándonos que nuestros niveles de estrés están descontrolados. Debemos tenerlos en cuenta y aprender a gestionar nuestras emociones para evitarlos.
El estilo de vida moderno, las múltiples ocupaciones laborales y los problemas cotidianos nos hacen pensar que el estrés es una parte natural de nuestra vida. Si bien es cierto que es una reacción fisiológica a las situaciones adversas que aparecen día tras día, sus efectos pueden ir más allá cuando se prolonga en el tiempo.

Hps 01 79 Está comprobado que estar sometidos de forma continuada a este estado emocional incrementa el riesgo cardíaco, debilita las defensas y eleva la posibilidad de padecer depresión. Y, aunque la mayoría de sus síntomas se manifiestan mediante los cambios de actitud, existen varias consecuencias físicas que pueden tener una fuerte relación con el mismo.
Lo más preocupante es que la mayoría de los casos no reciben una atención adecuada y acaban por convertirse en trastornos más graves.
Siendo conscientes de que todos lo padecemos en algún momento, es primordial descubrir esas cosas que indican que ya se nos está yendo de las manos.
Si nunca has sufrido reacciones alérgicas y de repente notas que estás cubierto con ronchas o sarpullidos rojos, es probable que se deba al estrés. Cuando el organismo presenta este tipo de trastornos, el sistema inmunitario tiende a desequilibrarse y el cuerpo inicia la liberación de la histamina química.
Si éste no logra controlarse a tiempo, puede generar urticaria y otras alteraciones cutáneas. De hecho, por este mismo factor, la piel puede desarrollar sensibilidad a cosas que antes no representaban un problema.
Las cefaleas y migrañas son síntomas comunes en aquellos que todo el tiempo tienen que resolver situaciones difíciles y estresantes. Esto es producto de la liberación de algunas sustancias químicas que interfieren en la actividad del sistema nervioso y los vasos sanguíneos del cerebro.
También es común que afecte los músculos y ocasione lo que se conoce como dolor de cabeza tensional.
Una amplia variedad de trastornos digestivos tiene que ver con constantes episodios de estrés físico y mental. Las hormonas que lo ocasionan alteran el funcionamiento del tracto gastrointestinal y derivan en síntomas como la acumulación de toxinas, los gases y la inflamación.
En algunos casos incluso aumenta el número de veces que el colon se contrae, lo cual se traduce en más calambres y diarrea.
El cortisol que se libera a causa de este problema provoca un bloqueo en el sistema inmunitario y disminuye su capacidad para combatir los patógenos que afectan la salud respiratoria.
Hay una alta probabilidad de que las personas estresadas contraigan un resfriado, herpes y otras enfermedades bacterianas y virales. Es conveniente resolver estos problemas de manera adecuada y completa, puesto que esta vulnerabilidad del sistema inmune es muy perjudicial para la salud física y mental.
Al parecer, se presenta por un desequilibrio hormonal, en el cual el cortisol predomina por encima de otras sustancias. Esta hormona interfiere en la actividad de las glándulas sebáceas de la piel y aumenta su producción de aceites. Ese exceso de sebo que se va acumulando poco a poco en los poros es el que deriva en la aparición de comedones, espinillas y puntos negros.
El insomnio y las dificultades para lograr un sueño reparador tienen mucho que ver con el estado emocional y los hábitos que se tienen durante el día.
Un organismo estresado y con dolencias musculares, enfoca los pensamientos en situaciones angustiantes. Y, a la postre, pierde su capacidad para dormir el tiempo adecuado.
Lo más grave de todo es que, con el paso de los días, el cuerpo pasa factura y desarrolla afecciones físicas que disminuyen la calidad de vida.
La fatiga o el cansancio extremo es una reacción normal del cuerpo cuando no se le brinda suficiente descanso y se le somete de forma continua a la tensión física y mental. Este síntoma viene acompañado de alteraciones en el estado de ánimo, que incluyen la depresión, la ansiedad y la irritabilidad.
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